A meses de que comience la temporada de siembra de verano en Malawi, ya hay malas señales.
Los altos precios del combustible, la escasez de fertilizantes y la inminente escasez de alimentos son los problemas a los que se enfrenta un país africano pobre y sin salida al mar, a más de 3.000 millas de la guerra en Oriente Medio.
Tras el cierre del estrecho de Ormuz a raíz del ataque estadounidense e israelí contra Irán, se interrumpió el suministro del 60% del fertilizante nitrogenado que necesitan los agricultores de Malawi.
Ahora, como consecuencia de esta guerra, el coste de los fertilizantes (si es que están disponibles) ha aumentado drásticamente y el coste de transportarlos a zonas rurales remotas es prohibitivo.
