Victoria de la Geopolítica del pueblo iraní como la potencia de Asia Occidental





︙ alquds.news│En los anales de la historia militar y política moderna, las guerras suelen definirse por cambios territoriales, número de bajas o firma de tratados. Sin embargo, también existe un tipo de guerra menos común, aquella en la que una nación se forja en el crisol de una agresión ilegal e injustificada.

Las consecuencias de la reciente guerra impuesta a la República Islámica de Irán han puesto al descubierto una verdad que Washington y Tel Aviv se resisten a admitir: a pesar de la inmensa presión militar, la guerra psicológica generalizada y las repetidas declaraciones de victoria, los agresores no lograron alcanzar ni un solo objetivo estratégico.

Lo que surgió de esta tercera guerra impuesta en menos de un año no fue el colapso ni la fragmentación de la República Islámica que los expertos y responsables políticos occidentales habían previsto, sino una nación más cohesionada, curtida en la batalla y más firme, que ahora opera desde una posición de fuerza innegable, mayor capacidad de disuasión y poder regional.

El enemigo concibió esta guerra como un golpe definitivo, pero se convirtió en el escenario para el ascenso de Irán como superpotencia regional. No se trata simplemente de una historia de supervivencia, sino de una inversión estratégica, donde el cazador se convierte en la presa y el artífice de la destrucción se ve obligado a buscar desesperadamente una salida.

Al reflexionar sobre los acontecimientos que condujeron a un alto el fuego y a un posible acuerdo, no solo presenciamos el fin de una guerra impuesta, sino también la transformación de la región de Asia Occidental y el fin decisivo de la hegemonía estadounidense.

La anatomía de un enemigo derrotado

Durante el último año, y especialmente durante la reciente guerra impuesta, el mundo observó cómo una coalición de agresores, liderada por el régimen estadounidense y su auxiliar, la entidad sionista, desató lo que creían que sería una trilogía fatal de golpes: dos ataques militares a gran escala que enmarcaban un período de subversión interna o "cuasi golpe de Estado".

Su objetivo era la destrucción de la República Islámica de Irán, el desmembramiento de su territorio y el saqueo de sus riquezas. Sin embargo, el enemigo fracasó estrepitosamente. Fracasó a pesar de haber desplegado todo su arsenal de guerra militar, económica y psicológica contra un Irán poderoso, unido, cohesionado y resistente.

El Irán que ha surgido de esta tercera guerra impuesta es profundamente diferente del Irán que entró en ella. La disuasión definitiva contra futuras agresiones ya no reside simplemente en un arsenal de misiles o un programa nuclear, sino en la demostrada y palpable realidad de la unidad nacional. El malvado enemigo apostó por la fractura interna, pero se topó con la fusión interna.

Como resultado, el presidente estadounidense y su círculo se encuentran atrapados en un laberinto de espejos, difundiendo afirmaciones exageradas y vacías que el mundo ya no cree. La realidad sobre el terreno, visible para cualquier observador desde el Golfo Pérsico hasta el Mediterráneo, habla más alto que cualquier espectáculo propagandístico fabricado por el enemigo.

Lo cierto es que Estados Unidos no ha logrado ni un solo éxito tangible en esta guerra. Su discurso es como un castillo construido sobre arena, y la marea ya lo ha arrasado.


La retirada estratégica: De la confrontación a la súplica.

El indicador más humillante para el régimen estadounidense durante este período ha sido su reiterada retirada ante una nueva confrontación. El enemigo recurrió a las negociaciones no por un despertar moral, sino por la derrota y el temor a sufrir golpes aún más duros.

Si la victoria en el campo de batalla contra Irán hubiera sido posible, Estados Unidos jamás habría aceptado un alto el fuego. Su objetivo declarado era la destrucción de la República Islámica, y abandonar ese objetivo por una salida diplomática no es diplomacia, sino una confesión de bancarrota.

Estados Unidos lanzó una guerra ilegal y sin provocación para someter a Irán, y ahora la está terminando rindiéndose ante él. Este giro de los acontecimientos es el tema central del análisis de Khordad 24. El enemigo, que buscaba la salvación mediante la destrucción, ahora busca la «salvación de la guerra mediante la diplomacia».

Analicemos la retirada estadounidense para ver cómo Irán obligó a una superpotencia a capitular.

El estrecho de Ormuz: La palanca invertida

El enemigo lanzó la guerra para destruir Irán y dividir su territorio. Hoy, «suplica a Irán que restaure el estrecho de Ormuz a su estado anterior a la guerra». Reflexionemos sobre esto.

El agresor ahora es el suplicante. Irán no solo no perdió ni un centímetro de territorio, sino que el arrogante agresor jamás se atrevió a pisar suelo iraní, salvo para marcharse humillado, como se pudo comprobar en las llanuras de Isfahán, donde el enemigo sufrió una humillación histórica.

Se ha configurado una nueva realidad permanente, lo que significa que Irán ha añadido el estrecho de Ormuz a su esfera de influencia como arma estratégica, capaz de pasar del modo de seguridad al modo de fuego automático en cualquier momento, cuando la situación lo requiera.

En caso de cualquier agresión futura, los mercados energéticos, las rutas marítimas, los sistemas de seguros y la confianza económica mundial se verán afectados, tal como ha advertido Irán.

A diferencia de los oleoductos de agua pesada del Arak, que fueron rellenados con hormigón, esta vía fluvial estratégica es una palanca de poder viva y palpitante. Ahora es la garante de los compromisos de retirada de Estados Unidos. Esta es la verdadera geometría del estatus de superpotencia: obligar a la única potencia hegemónica mundial a aceptar una nueva realidad permanente en la arteria energética más vital de la hegemonía.


El Frente de Resistencia: Obligar a la superpotencia a contener a su perro rabioso

Quizás el cambio más sorprendente se refiere al Eje de la Resistencia. Durante la fase silenciosa del campo de batalla, Estados Unidos exigió arrogantemente que Irán se desvinculara de Hezbolá y cesara todo apoyo político, financiero y militar a sus aliados regionales.

Irán no solo se negó, sino que hoy es él quien obliga a Estados Unidos a contener a su perro rabioso: el régimen sionista del Líbano. Se trata de un cambio radical en la polarización regional. Una superpotencia en decadencia se ve ahora forzada por el ascendente Irán a detener una guerra en un tercer país, simplemente para salvar su propia estrategia de salida de un peligroso atolladero creado por él mismo.

El estatus de superpotencia de Irán no se demuestra por sus acciones en su propio territorio, sino por su capacidad para imponer condiciones en un campo de batalla a cientos de kilómetros de distancia. La proyección de poder estadounidense en Asia Occidental se consideraba hasta ahora una realidad intocable. Ahora, la región está presenciando la erosión gradual de ese dominio y el surgimiento de un nuevo equilibrio de poder.

La ocupación ilegal israelí del territorio libanés no está llegando a su fin gracias a la diplomacia europea, sino porque Teherán ha presionado a Washington.

El expediente nuclear: De la destrucción a la dilución

La estrategia militar de Estados Unidos ha sido en gran medida consistente. Durante la guerra de doce días del año pasado y la guerra del Ramadán de este año, bombardeó sitios, instalaciones y centros nucleares, afirmando repetidamente haber destruido la infraestructura nuclear de Irán.

Hoy, ese mismo Estados Unidos se ve obligado a dar marcha atrás por completo. Ahora solicita a Irán que permita, bajo la supervisión del OIEA, la dilución de materiales nucleares en su territorio. Más importante aún, Estados Unidos se ha visto obligado a reconocer el derecho de Irán al enriquecimiento y sus necesidades nucleares como signatario del Tratado de No Proliferación Nuclear (TNP).

El único argumento del enemigo es el compromiso de Irán de no fabricar armas nucleares. Pero lo cierto es que Irán lleva años diciéndole esto al mundo. No se trata de un logro estadounidense, sino de un principio fundamental iraní. Y, lo que es crucial, este compromiso es reversible.

Si el enemigo incumple sus obligaciones, como ya lo ha hecho en varias ocasiones, el compromiso queda anulado. El enemigo ha intercambiado la esencia de sus objetivos bélicos —la destrucción de instalaciones— por una promesa vacía: un compromiso ya cumplido.


Sanciones: Los grilletes rotos

Durante décadas, las sucesivas administraciones estadounidenses impusieron todo tipo de sanciones injustas, ilegales y draconianas al pueblo iraní. Estas sanciones económicas sirvieron como uno de los principales instrumentos de presión de Washington contra Irán, con el objetivo de provocar su colapso económico y forzar su rendición política.

Tras sufrir derrotas militares, reputacionales y de prestigio, Estados Unidos se ve obligado a comprometerse a levantar todas las sanciones primarias y secundarias en todas sus formas. Incluso si Estados Unidos no cumple este compromiso, la situación misma revela quién gana y quién pierde.

El perdedor es quien promete levantar las sanciones como recompensa por la supervivencia del otro bando. El ganador es quien sobrevivió y ahora ostenta el poder disciplinario.

Si Estados Unidos incumple su promesa —y no se puede descartar—, el estrecho de Ormuz volverá a abatirse sobre él como una vara, y el compromiso de Irán de no militarizar su territorio se desvanecerá.

Reparaciones de guerra: La ironía de los mil millones de dólares

Hay una ironía en el resultado financiero. Trump humilló públicamente a Barack Obama por supuestamente enviar mil millones de dólares a Irán tras la firma del JCPOA en 2015.

Ahora, para escapar del atolladero en el que se metió, Trump se ha visto obligado a comprometerse a conceder a Irán cientos de veces más de lo que Obama se vio forzado a hacer. Estos acuerdos económicos de posguerra representan un giro radical en la dinámica histórica del poder.

La idea de que el enemigo, tras intentar debilitar a Irán mediante bombardeos y derramamiento de sangre, ahora se vea presionado para facilitar la recuperación económica es prueba de resistencia estratégica.

Miles de millones de dólares llegarán a Irán en el mismo instante en que se anuncie el fin de la guerra. El enemigo que vino a saquear y robar ha terminado con los bolsillos vacíos. Este es el precio que el enemigo debe pagar por recurrir a un temerario aventurismo militar.

El garante: el poder inherente de Irán.

La garantía de los compromisos de Estados Unidos no es su buena fe, ni lo ha sido nunca.

La garantía reside en el poder intrínseco de Irán: el estrecho de Ormuz, su capacidad militar defensiva, el Frente de Resistencia unido y resiliente, una población movilizada y los cálculos precisos de sus funcionarios. Estos elementos consolidan la humillación del enemigo.

La derrota política no hace más que formalizar la derrota militar ya sufrida sobre el terreno.

Las negociaciones no son alternativas a la resistencia, sino instrumentos que esta hace posibles. La diplomacia solo tiene éxito cuando está respaldada por el poderío militar y la disuasión demostrada.
 

Informe de PRESSTV  



Diario Al-Quds Libération صحيفة القدس ليبراسيون Al-Quds Libération newspaper, El diario geopolítico multipolar de Palestina y Asia Occidental. الصحيفة الجيوسياسية متعددة الأقطاب لفلسطين وغرب آسيا 巴勒斯坦和西亚的多极地缘政治日报 روزنامه ژئوپلیتیک چندقطبی فلسطین و غرب آسیا The multipolar geopolitical daily of Palestine and West Asia. - Global Intellectual Property Registry Nº: 1 607138 370884 All rights reserved ©2016|

About .