Salameh declaró el jueves en un comunicado de prensa que el campamento de Tulkarm ha sido testigo, desde el 7 de octubre de 2023, de una realidad sin precedentes de destrucción y cambios geográficos, como resultado de las operaciones militares israelíes en curso.
Explicó que la agresión también provocó la destrucción de cerca de 1.000 tiendas y 700 vehículos, lo que obligó a 3.300 familias a abandonar el campamento, en medio de difíciles condiciones humanitarias y de vida.
Señaló que las fuerzas de ocupación demolieron deliberadamente casas y construyeron nuevas carreteras sobre sus ruinas, con el objetivo de reforzar su control de seguridad dentro del campo, lo que provocó un cambio radical en su estructura urbana y conllevó la desaparición de muchos de sus monumentos históricos.
Añadió que la magnitud del cambio ha llegado a ser tan grande que muchos residentes ya no pueden localizar sus casas ni reconocer sus antiguos barrios debido a las extensas demoliciones.
Salameh confirmó que la ocupación impone estrictas restricciones a la entrada de residentes al campamento, incluyendo permitir el acceso solo a un número limitado de personas, someter a los ciudadanos a registros exhaustivos, confiscar teléfonos móviles, prohibir la fotografía, además de impedir la entrada de algunos ciudadanos con pretextos de seguridad.
Los datos locales y sobre derechos humanos indican que los campamentos de Tulkarm y Nur Shams se enfrentan a una campaña generalizada de destrucción que ha provocado el desplazamiento de más de 25.000 palestinos, que han sido distribuidos entre los barrios de la ciudad y diversos refugios.
Las demoliciones en curso también han provocado la desaparición de barrios enteros y de importantes monumentos históricos, en medio de repetidos testimonios de residentes que confirmaron su incapacidad para identificar la ubicación de sus viviendas como consecuencia de los grandes cambios que se han producido en el paisaje urbano de los dos campamentos.
