La paz del genocidio colonialista de la ocupacion para el pueblo palestino


alquds.news│Lo que se propone hoy para Gaza no puede describirse como un proyecto de paz, sino más bien como un proyecto para gestionar la ocupación, subrayando que las conversaciones en curso no se tratan de un nuevo intento de consolidar la hegemonía israelí, sino que esta vez es con la voluntad de Estados Unidos y el patrocinio internacional, en un esfuerzo por embellecer la cara de la ocupación y reproducirla con herramientas políticas y administrativas blandas.

El 16 de enero de 2026, el presidente estadounidense Donald Trump anunció la creación del llamado "Consejo de Paz en la Franja de Gaza" como segunda fase de su plan para detener la guerra en la Franja de Gaza, que entró en vigor en octubre, tras el anuncio del acuerdo de alto el fuego. La Casa Blanca presentó a los miembros del consejo, que estará presidido por Trump e incluye figuras políticas y económicas destacadas tanto dentro como fuera de la administración estadounidense, entre ellas el secretario de Estado estadounidense Marco Rubio, el enviado especial para Oriente Medio Steve Whitkoff, el ex primer ministro británico Tony Blair, el yerno de Trump y exasesor Jared Kushner, además del presidente del Banco Mundial Ajay Banga y los empresarios Mark Rowan y Robert Gabriel. Según el comunicado de la Casa Blanca, el consejo se supone que es un órgano estratégico de gobierno para gestionar la transición de Gaza, supervisando la reconstrucción, atrayendo inversiones, gestionando las relaciones regionales y apoyando a un gobierno tecnocrático palestino. Pero leer estos objetivos en su contexto político nos lleva a una pregunta fundamental: ¿Estamos realmente ante un proyecto de paz, o una estrategia estadounidense para reafirmar la soberanía sobre Asia Occidental y gestionar la crisis sin resolverla?

Las posiciones estadounidenses e israelíes revela que la preocupación por el llamado "día después" no proviene de una búsqueda seria de una solución política justa, sino más bien de huir hacia adelante tras el fracaso de la agresión para alcanzar sus objetivos militares, y de un intento de convertir la catástrofe humanitaria en Gaza en una puerta de entrada para imponer disposiciones que sirvan ante todo a la seguridad de la ocupación

A pesar del intento de Washington de internacionalizar el consejo, su órgano revela un dominio estadounidense casi total sobre la decisión; el consejo incluye figuras leales a la política de Trump, y su mera presencia restaura la centralidad de la decisión estadounidense en Palestina tras años de guerra y mediación. Por otro lado, hubo ausencia de representación política para la parte palestina, la primera parte implicada en la crisis, ya fuera de las facciones de la resistencia o de los miembros electos, lo que refleja la percepción de que la transformación en Gaza solo puede gestionarse desde fuera. En este contexto, el apoyo a un gobierno tecnocrático parece ser solo una parte de un plan más amplio destinado a separar la política de la administración, transformar la gobernanza en la Franja de Gaza en una administración técnica y supervisada internacionalmente, explorar la soberanía y autodeterminación palestinas, y producir tutela en lugar de paz.

Sin embargo, el aspecto más peligroso del anuncio del Consejo es el discurso explícito de Trump, en el que afirma que Hamás se desarmará voluntaria o involuntariamente en un lenguaje de amenazas directas que vaciarán la idea de paz de su contenido y la redefinirán como un mecanismo de subyugación militar, ignorando que las armas en el contexto palestino no son un lujo ni una rebelión, sino directamente vinculadas a la continuación de la ocupación israelí y sus continuas violaciones y violaciones, lo que hace irreal la opción del desarme.

Está claro que el Consejo de Paz de Gaza no se estableció para abordar las raíces del conflicto palestino-israelí, sino para gestionar la crisis sin resolverla y para restaurar el poder y la decisión estadounidense en Oriente Medio. Este plan forma parte de un movimiento internacional más amplio de Washington para restablecer su sistema y papel de liderazgo durante la Segunda Guerra Mundial, así como para demostrar su capacidad para gestionar crisis en presencia de poderosos rivales como Rusia y China.

En conclusión, el Consejo carece de imparcialidad y carece de los fundamentos sobre los que se basa la paz, es decir, el reconocimiento del derecho del pueblo palestino a la autodeterminación y su participación en la toma de decisiones.

El 16 de enero de 2026, el presidente estadounidense Donald Trump anunció la creación del llamado "Consejo de Paz en la Franja de Gaza" como segunda fase de su plan para detener la guerra en la Franja de Gaza, que entró en vigor en octubre, tras el anuncio del acuerdo de alto el fuego. La Casa Blanca presentó a los miembros del consejo, que estará presidido por Trump e incluye figuras políticas y económicas destacadas tanto dentro como fuera de la administración estadounidense, entre ellas el secretario de Estado estadounidense Marco Rubio, el enviado especial para Oriente Medio Steve Whitkoff, el ex primer ministro británico Tony Blair, el yerno de Trump y exasesor Jared Kushner, además del presidente del Banco Mundial Ajay Banga y los empresarios Mark Rowan y Robert Gabriel. Según el comunicado de la Casa Blanca, el consejo se supone que es un órgano estratégico de gobierno para gestionar la transición de Gaza, supervisando la reconstrucción, atrayendo inversiones, gestionando las relaciones regionales y apoyando a un gobierno tecnocrático palestino. Pero leer estos objetivos en su contexto político nos lleva a una pregunta fundamental: ¿Estamos realmente ante un proyecto de paz, o una estrategia estadounidense para reafirmar la soberanía sobre Oriente Medio y gestionar la crisis sin resolverla?

La potencia ocupante no busca realmente un camino hacia la paz o un acuerdo justo, sino que busca consolidar el statu quo y profundizar el statu quo en la Franja de Gaza, para servir su estrategia basada en la gestión del conflicto en lugar de resolverlo, y mantener la Franja de Gaza en un estado de agotamiento permanente política, humanitario y de seguridad.

La objeción de Netanyahu a la idea de formar un consejo para administrar Gaza, y su negativa a presentar una visión clara para el día siguiente, confirman que el actual gobierno israelí no quiere un socio palestino unificado ni una autoridad nacional fuerte, sino que prefiere un vacío político que le permita imponer arreglos de seguridad y administrativos que sirvan a sus intereses y le den un amplio margen de intervención en cualquier momento.

El discurso israelí sobre la paz en esta etapa no es más que un material para los medios y el consumo internacional, en un momento en que Israel trabaja sobre el terreno para reproducir las mismas políticas: bloqueo, desmembramiento, control de los pasos a nivel e imposición de hechos que convierten a Gaza en una entidad de crisis y desconectada de su profundidad nacional palestina


A pesar del intento de Washington de internacionalizar el consejo, su órgano revela un dominio estadounidense casi total sobre la decisión; el consejo incluye figuras leales a la política de Trump, y su mera presencia restaura la centralidad de la decisión estadounidense en Palestina tras años de guerra y mediación. Por otro lado, hubo ausencia de representación política para la parte palestina, la primera parte implicada en la crisis, ya fuera de las facciones de la resistencia o de los miembros electos, lo que refleja la percepción de que la transformación en Gaza solo puede gestionarse desde fuera. En este contexto, el apoyo a un gobierno tecnocrático parece ser solo una parte de un plan más amplio destinado a separar la política de la administración, transformar la gobernanza en la Franja de Gaza en una administración técnica y supervisada internacionalmente, explorar la soberanía y autodeterminación palestinas, y producir tutela en lugar de paz.

Sin embargo, el aspecto más peligroso del anuncio del Consejo es el discurso explícito de Trump, en el que afirma que Hamás se desarmará voluntaria o involuntariamente en un lenguaje de amenazas directas que vaciarán la idea de paz de su contenido y la redefinirán como un mecanismo de subyugación militar, ignorando que las armas en el contexto palestino no son un lujo ni una rebelión, sino directamente vinculadas a la continuación de la ocupación israelí y sus continuas violaciones y violaciones, lo que hace irreal la opción del desarme.

    El Consejo de Paz de Gaza no se estableció para abordar las raíces del conflicto palestino-israelí, sino para gestionar la crisis sin resolverla.

Está claro que el Consejo de Paz de Gaza no se estableció para abordar las raíces del conflicto palestino-israelí, sino para gestionar la crisis sin resolverla y para restaurar el poder y la decisión estadounidense en Oriente Medio. Este plan forma parte de un movimiento internacional más amplio de Washington para restablecer su sistema y papel de liderazgo durante la Segunda Guerra Mundial, así como para demostrar su capacidad para gestionar crisis en presencia de poderosos rivales como Rusia y China.

En conclusión, el Consejo carece de imparcialidad y carece de los fundamentos sobre los que se basa la paz, es decir, el reconocimiento del derecho del pueblo palestino a la autodeterminación y su participación en la toma de decisiones.

El 16 de enero de 2026, el presidente estadounidense Donald Trump anunció la creación del llamado "Consejo de Paz en la Franja de Gaza" como segunda fase de su plan para detener la guerra en la Franja de Gaza, que entró en vigor en octubre, tras el anuncio del acuerdo de alto el fuego. La Casa Blanca presentó a los miembros del consejo, que estará presidido por Trump e incluye figuras políticas y económicas destacadas tanto dentro como fuera de la administración estadounidense, entre ellas el secretario de Estado estadounidense Marco Rubio, el enviado especial para Oriente Medio Steve Whitkoff, el ex primer ministro británico Tony Blair, el yerno de Trump y exasesor Jared Kushner, además del presidente del Banco Mundial Ajay Banga y los empresarios Mark Rowan y Robert Gabriel. Según el comunicado de la Casa Blanca, el consejo se supone que es un órgano estratégico de gobierno para gestionar la transición de Gaza, supervisando la reconstrucción, atrayendo inversiones, gestionando las relaciones regionales y apoyando a un gobierno tecnocrático palestino. Pero leer estos objetivos en su contexto político nos lleva a una pregunta fundamental: ¿Estamos realmente ante un proyecto de paz, o una estrategia estadounidense para reafirmar la soberanía sobre Oriente Medio y gestionar la crisis sin resolverla?

A pesar del intento de Washington de internacionalizar el consejo, su órgano revela un dominio estadounidense casi total sobre la decisión; el consejo incluye figuras leales a la política de Trump, y su mera presencia restaura la centralidad de la decisión estadounidense en Palestina tras años de guerra y mediación. Por otro lado, hubo ausencia de representación política para la parte palestina, la primera parte implicada en la crisis, ya fuera de las facciones de la resistencia o de los miembros electos, lo que refleja la percepción de que la transformación en Gaza solo puede gestionarse desde fuera. En este contexto, el apoyo a un gobierno tecnocrático parece ser solo una parte de un plan más amplio destinado a separar la política de la administración, transformar la gobernanza en la Franja de Gaza en una administración técnica y supervisada internacionalmente, explorar la soberanía y autodeterminación palestinas, y producir tutela en lugar de paz.

Sin embargo, el aspecto más peligroso del anuncio del Consejo es el discurso explícito de Trump, en el que afirma que Hamás se desarmará voluntaria o involuntariamente en un lenguaje de amenazas directas que vaciarán la idea de paz de su contenido y la redefinirán como un mecanismo de subyugación militar, ignorando que las armas en el contexto palestino no son un lujo ni una rebelión, sino directamente vinculadas a la continuación de la ocupación israelí y sus continuas violaciones y violaciones, lo que hace irreal la opción del desarme.

Está claro que el Consejo de Paz de Gaza no se estableció para abordar las raíces del conflicto palestino-israelí, sino para gestionar la crisis sin resolverla y para restaurar el poder y la decisión estadounidense en Oriente Medio. Este plan forma parte de un movimiento internacional más amplio de Washington para restablecer su sistema y papel de liderazgo durante la Segunda Guerra Mundial, así como para demostrar su capacidad para gestionar crisis en presencia de poderosos rivales como Rusia y China.

En conclusión, el Consejo carece de imparcialidad y carece de los fundamentos sobre los que se basa la paz, es decir, el reconocimiento del derecho del pueblo palestino a la autodeterminación y su participación en la toma de decisiones. │Diario Al-Quds Libération صحيفة القدس ليبراسيون - Global Intellectual Property Registry Nº: 1 607138 370884 All rights reserved ©2016|

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