La crisis del discurso político palestino de Abbas alineado a la OTAN y Washington



alquds.news│El discurso del presidente de la Autoridad Palestina, Mahmud Abás, en la Conferencia sobre la Solución de Dos Estados desató una gran controversia debido a sus mensajes, que muchos consideraron impactantes. Estos mensajes abarcaban desde felicitar a la ocupación por sus festividades, incluso mientras libra una guerra genocida contra el pueblo palestino, hasta atacar a la resistencia y negarse a incluirla en la toma de decisiones políticas. En un momento en que los palestinos atraviesan uno de los momentos más difíciles de su historia, el discurso estuvo cargado de señales controvertidas, en lugar de ser una voz que expresara el dolor y la resiliencia de las víctimas. Esto planteó interrogantes fundamentales sobre la postura del liderazgo de la Autoridad Palestina en este momento nacional crucial.

La crisis del discurso político palestino

El discurso de Abás no surgió de la nada. Más bien, fue una prolongación de una vía política que durante mucho tiempo se ha basado en negociaciones y promesas internacionales a cambio de concesiones constantes, que se asemejan más al chantaje político impuesto por la fuerza. Desde Madrid hasta Oslo y más allá, la ocupación ha seguido negándose a acatar cualquier resolución internacional, aprovechando cada ronda de negociaciones para consolidar acuerdos e imponer nuevos hechos sobre el terreno.

En este contexto, confiar en el proceso de negociación y hacer concesiones vinculadas a los principios y derechos fundamentales, al tiempo que se reconoce el derecho de Israel a existir y coexistir, sin rendir cuentas por sus crímenes, equivale a abandonar los principios nacionales forjados con la sangre de los mártires y el sufrimiento de los prisioneros.


El alejamiento de los principios establecidos no se limitó a las palabras del discurso. Más bien, estuvo precedido por una larga historia de políticas que provocaron una indignación pública generalizada: la coordinación de la seguridad en los momentos más difíciles, la reducción de los salarios de las familias de mártires y prisioneros, y la promoción de cambios en los planes de estudio que se ajustan a las claras exigencias israelíes. Por lo tanto, la reacción popular al discurso no fue una mera crítica pasajera, sino una expresión de pérdida de confianza en una vía política que parecía incapaz de proteger la identidad nacional ni de representar las aspiraciones del pueblo.

División y erosión de la legitimidad

Una de las implicaciones más significativas del discurso de Abás es que se produjo en un momento en que los círculos populares y políticos llamaban unánimemente a la unidad; sin embargo, él optó por atacar a la resistencia y excluirla de la escena. Esta postura abrió la puerta a preguntas sobre la posición de la dirección oficial de la Autoridad Palestina y su capacidad para representar a diversas fuerzas y movimientos. Desde sus inicios, la resistencia palestina ha demostrado, a pesar del asedio, la destrucción y los duros y difíciles costos, que es capaz de restaurar el prestigio de la causa palestina en el escenario internacional. Mientras tanto, el discurso oficial se mantuvo repetitivo y apostando por promesas que no se materializan en la práctica.

Si bien algunos partidarios de Abbas interpretan su discurso como un intento de aferrarse a una vía política, sea cual sea su alcance, que ahorraría a los palestinos el coste del conflicto en curso, las élites palestinas coinciden unánimemente en que dicha vía es absurda, dadas las constantes violaciones de la ocupación israelí tanto en la Franja de Gaza como en Cisjordania, incluida su visión de la Autoridad Palestina y sus líderes, a pesar de todas las importantes concesiones que ha hecho. Por lo tanto, la mayoría coincide en que este enfoque propuesto por Abbas representa una rendición, o incluso una identificación con la ocupación, que despoja a la causa de su fuerza y ​​la convierte en rehén de la voluntad y las ambiciones del ocupante.


La brecha entre los líderes y la opinión pública no es nueva, pero se ha ampliado significativamente en medio del genocidio en curso en la Franja de Gaza y la expansión de los asentamientos en Cisjordania.

En lugar de que el discurso de Abás fuera una oportunidad para reconstruir la confianza y fortalecer la unidad interna, pareció perpetuar una división a la que la propia ocupación ha apostado. En un momento en que los palestinos exigen un liderazgo unificado que capte el pulso de la opinión pública, el discurso oficial insiste en ir a contracorriente.

El mundo se mueve... y el liderazgo se está relajando

A nivel internacional, la causa palestina vive un momento de excepcional impulso. El número de países que reconocen oficialmente el Estado de Palestina ha ascendido a 156 de los 193 miembros de la ONU, incluyendo importantes potencias occidentales como Gran Bretaña, Canadá, Australia, Francia y Bélgica, lo que representa un cambio cualitativo en la postura internacional. Las manifestaciones y protestas mundiales también continúan a un ritmo sin precedentes; datos de ACLED muestran que el 86 % de todas las manifestaciones relacionadas con la guerra de Gaza fueron en apoyo a Palestina.

Pero estos cambios no se reflejaron en el discurso de Abás, que pareció ignorar los logros más importantes de la causa palestina durante décadas, fruto de los inmensos sacrificios de nuestro pueblo y del heroísmo de su valiente resistencia. Mientras el mundo busca aislar moral y políticamente a Israel, el discurso oficial fue más un mensaje de tranquilidad y sumisión a la ocupación que de aprovechar este momento excepcional en beneficio del pueblo palestino.

Dimensión humana y ética

El discurso de Abás no puede interpretarse al margen de la dimensión humanitaria de la actual situación palestina. El número de muertos ha superado los 65.000 palestinos desde el inicio de la agresión, la mayoría de ellos civiles, lo que refleja la magnitud de la catástrofe humanitaria que afronta la Franja de Gaza.

En tal contexto, felicitar a la ocupación en sus festividades se convierte en una falta moral antes que en un error político. La historia registra posturas, no palabras, y la gente recuerda a quienes se mantuvieron firmes, no a quienes transigieron. La dimensión simbólica del discurso adquiere un doble peso, porque los palestinos viven un momento crucial que puede transformar la conciencia de las generaciones futuras: o un discurso que unifique la conciencia nacional y eleve la moral, o un discurso que avive la frustración y perpetúe la división.

Escenarios futuros

La causa palestina parece encontrarse hoy en una verdadera encrucijada, lo que lleva a dos opciones. La primera es formular un discurso nacional integral que combine la resistencia en todas sus formas legítimas con la diplomacia de los derechos humanos, aprovechando el creciente apoyo internacional y transformándolo en presión política y legal sobre la ocupación. La segunda opción es continuar con el enfoque unilateralista y una solución estéril, lo que acarrearía una mayor división interna y la pérdida de las oportunidades históricas que ofrece el contexto internacional.

El momento actual exige una renovada apreciación de la opción de la resistencia como una palanca política ineludible, y tratarla como una fuente de fortaleza, no como una carga. Sin este equilibrio, ninguna conferencia internacional ni ningún reconocimiento internacional serán inútiles, porque la verdadera garantía de la presencia continua de Palestina en el mapa es la perseverancia y el sacrificio de su pueblo.

Responsabilidad con la historia

El reciente discurso de Abás no fue un mero pasaje; planteó una pregunta más profunda: ¿Qué proyecto nacional quiere representar la Autoridad Palestina? Entre adular al asesino y dar voz a la víctima, se está decidiendo el futuro. Este liderazgo debe comprender que la historia no espera a los indecisos. O aprovechan el momento como una oportunidad para la unidad y la resistencia nacional, con el apoyo del impulso mundial, o lo dejan escapar, permitiendo que Palestina entre de nuevo en un ciclo de concesiones y decepciones. 

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